Las preguntas que inquieren al amor

                             Detalle de «El jardín de las delicias», El Bosco

Desde que tengo aproximadamente diez años y descubrí la primer infidelidad de mi papá a mi mamá, mi idea del amor, de la pareja perfecta y de la familia tradicional, nunca más pudo volver a ser la misma, a pesar de mi corta edad y de no poder entender el porqué de esa infidelidad y a pesar de lo doloroso de que la familia que durante veinticinco años habían construido se viniera al piso nunca le reclamé a mi papá el porqué de sus acciones.

Años más tarde, llegó a mis manos por recomendación de un buen amigo, el libro La insoportable levedad del ser de Milán Kundera, una hermosa y trágica historia de amor, donde Teresa, su personaje principal sufrió amargamente las infidelidades de Tomás, sin embargo, Tomás sostenía que nada tenía que ver el acostarse con otras mujeres y el amor que él sentía por Teresa, inmediatamente eso me generó un ruido increíble, no pude no ver reflejado a mi papá en Tomás, quién a pesar de sus infidelidades se negaba a dejar ir el amor que sentía por mi mamá, por su familia y por todo aquello que habían construido juntos por media década, desde ese momento no he dejado de cuestionarme muchísimo sobre el tema de la monogamia, además claro, de que por  mi formación y en mi burbuja académica este es un tema del que se habla de forma constante, siempre quiero aprender y entender más sobre esto por lo que he dedicado horas a hacer lecturas, ver documentales, escuchar experiencias sobre relaciones no monogamicas y todo parece tan bonito y fácil de entender, porque claro cuando se racionaliza sobre el asunto, la monogamia parece una idea descabellada.

Pero como dicen popularmente no es lo mismo verla venir que bailar con ella, en un vasto camino de relaciones fallidas que he tenido durante aproximadamente tres años me es cada vez más fácil darme cuenta que definitivamente no quiero una relación tradicional y con tradicional me refiero a una relación monógama, no me puedo imaginar privarme de tener otras experiencias por el hecho de tener una relación estable con alguien, estable en el sentido de que sea constante, donde además se han generado afectos, no querría tampoco para nada privar a esa persona de hacerlo, pero ¿hasta qué punto estamos preparados para eso? A partir de mi primer experiencia de tratar de construir una relación no tradicional he reflexionado que hay una cuestión que es imposible de ignorar y es que la socialización es algo de lo que no nos podemos desprender, la idea de la monogamia a pesar de ser una construcción reciente es sin duda de las más fuertes y poco probable de resquebrajar de la sociedad occidental, casi incuestionable, por más procesos de deconstrucción diarios cuando se hace el intento de estar en una relación abierta, poliamorosa o del tipo que sea donde se incluyan más de dos personas, las inseguridades, los celos, la idea de propiedad sobre la otra persona se hace presente, es casi como negar una naturalidad, que impuesta o no, existe, ahí está.

Porque claro, como bien se sabe no es lo mismo la teoría y la praxis y el hecho de ser seres sintientes cuando damos el paso hacia la práctica se generan un montón de cosas que probablemente ni siquiera sabíamos que podíamos sentir, acá, el patriarcado llega a jodernos, desde mi perspectiva como mujer, solo pude pensar en las palabras de Mary Wollstonecraft, donde afirma que hemos estado sometidas a una socialización corrupta que nos hace constantemente, entre otro montón de cosas, considerar a nuestras hermanas de género como competencia, salta acá nuestros peores pensamientos sobre esa tercer persona y las inseguridades afloran, casi de forma inmediata y en aquellas ideas además más superficiales ¿será más bonita que yo? ¿Tendrá mejor cuerpo? etc. etc.

Acá inevitablemente hay que hablar sobre el patriarcado porque no solo nos enseña a vernos como competencia entre nosotras, también nos bombardea constantemente con ideas absurdas de “belleza” y donde por desgracia constantemente nos comparamos con las otras, esto, lejos de querer alejarme de una relación no tradicional me hace más bien seguir cuestionándome todo lo que traza las formas en las que nos relacionamos con las personas, porque lo anterior, es solo un ejemplo del montón de inseguridades que pueden brotar por el hecho de imaginar a nuestra pareja compartiendo con alguien más y que tóxicas todas las ideas alrededor de querer poseer a alguien y como nuestras inseguridades más absurdas se hacen presentes, que necesario se vuelve de pronto construir vínculos más sanos, que necesario recurrir a la sororidad.

 A modo personal, no puedo concebir una forma de relacionarme con alguien que no implique una constante revisión de lo acá expuesto y una constante revisión de lo que parafraseando a Kundera diría, las preguntas que inquieren al amor, cita que dejo acá para el completo entendimiento de lo anterior.

“Jamás se ha planteado los interrogantes que torturan a las parejas humanas: ¿me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia”  (Milan Kundera).

Sin más que decir, concluyo con la invitación a inquirir al amor, como forma de invitarme a mí a hacerlo constantemente, pero esta vez con las preguntas adecuadas, no con las que históricamente y trazada por la, para mí, ahora,  absurda idea de la monogamia, lo hemos estado haciendo.

Sobre el taller

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El nombre dado al blog, El taller de Artemisa, surge en honor a quién fuera una de las primeras pintoras reconocidas del Barroco, Artemisa Gentileschi (1593- hacia 1654) quién fue, además la primera en ingresar a la Academia de Bellas Artes de Florencia y ha sido reconocida por plasmar en sus pinturas un «arte feminista».